Los primeros agricultores ya empleaban abejas, según un estudio publicado en ‘Nature’

Los primeros agricultores ya empleaban abejas, según un estudio publicado en ‘Nature’

El investigador Jesús González Urquijo, adscrito al Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas (IIIPC) y el Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Cantabria (UC) investiga el empleo de abejas y su cera por parte de las primeras comunidades campesinas en Europa, norte de África y Oriente Medio y la revista Nature ha publicado un artículo al respecto titulado “Widespread Exploitation of the Honeybee by Early Neolithic Farmers”.

Yacimiento

El artículo es el resultado del trabajo de un amplísimo equipo coordinado desde la Universidad de Bristol, el cual firman 65 autores de 51 instituciones científicas, tres de ellas españolas: la Universidad de Cantabria, la Universidad del País Vasco y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Así los científicos han podido constatar el aprovechamiento de las abejas melíferas durante el Neolítico en el área geográfica comprendida en Europa, el norte de África y Oriente Medio. El aprovechamiento de abejas se documenta en Anatolia desde hace al menos 9000 años y fue continuado a lo largo del neolítico. La intensidad que se detecta en algunas regiones puede ser la evidencia de una pre-especialización de algunos campesinos en torno a la recolección de miel.

La decadencia actual de las poblaciones de abejas, como resultado del uso de virus, pesticidas y la proliferación de parásitos, ha puesto en evidencia la importancia económica y el rol fundamental que estos insectos juegan en las sociedades agrícolas en todo el mundo.

El estudio se basa en el análisis de microresiduos en los recipientes cerámicos que aparecen en los yacimientos neolíticos. Durante el almacenamiento o el procesado de la cera y de la miel, restos de ácidos grasos característicos quedan atrapados o adheridos en las paredes de los recipientes, una “huella dactilar” química estable. Nuevas técnicas de cromatografía y espectrometría de masas han permitido detectar e identificar estos residuos.

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